En la parte baja de la villa, presidiendo la plaza de las Monjas, se alza este antiguo y evocador convento que hoy está ocupado por una comunidad, muy reducida, de monjas franciscanas concepcionistas, pero que originariamente perteneció a la Reforma del Carmelo, y fue personalmente creado por Santa Teresa de Jesús, a instancias de los duques de Pastrana.

Repasando la historia de esta venerable institución religiosa, su origen puede concretarse al día 9 de julio de 1569, en que la misma Santa Teresa junto con los duques de Pastrana procedieron solemnemente a su fundación quedando Isabel de Santo Domingo como priora, Isabel de San Pedro como superiora, y una doncella llamada Beatriz del Sacramento como novicia. Durante 3 meses, Santa Teresa permaneció en este convento, organizando su futura existencia y la del convento de frailes carmelitas de San Pedro.

Tras morir en 1573 el duque don Ruy Gómez, su mujer doña Ana, la princesa de Éboli, se enclaustró en este convento. De entonces es la frase de la priora sor Isabel, al enterarse de esta profesión: ¿La princesa monja? ya doy la casa por desecha,Y así fue. Doña Ana no hacía caso de la Regla carmelitana, por lo que Santa Teresa dispuso que las monjas abandonaron, en secreto, el convento. Las 13 religiosas que entonces lo habitaban salieron una noche rumbo a Segovia, dejándole vacío. Inmediatamente, doña Ana se ocupó de poblarlo con otra orden, y en 1574 llegaron las franciscanas concepcionistas que hoy todavía lo ocupan.

Fue doña Felipa de Acuña y Mendoza su primera priora, y con ellas profesó en 1592 la hija de la princesa, doña Ana de Silva y Mendoza, al fallecer esta.

En el exterior de este convento lo más reseñable es su vieja estampa barroca y tradicional, en el más puro estilo de los conventos castellanos del siglo XVI. Junto a su puerta aparece un gran panel de cerámica, puesto recientemente, con ocasión del Centenario de Santa Teresa, en el que aparece una clásica imagen de la espiritual doctora.

La iglesia del convento de San José ofrece más interés . Construida según las indicaciones dadas por la propia fundadora, Santa Teresa, ofrece la simplicidad carmelitana llevada al extremo. Se accede a ella a través de una simple portada arqueada, y el interior muestra ser de una sola nave, con tres tramos, separados por pilastras adosadas al muro, y cubiertos de bóveda de cañón con lunetos. La cabecera remata en un pequeño ábside semicircular que se marca al exterior, y en los pies surge el gran sotocoro, más ancho que la nave, del que se separa por las tradicionales rejas.

(Texto en Construcción)